Flores de colores

Flores de colores   Flores de colores atadas a una valla y un pájaro muerto sobre el asfalto son, quizás, las únicas notas de color de un día gris que se agolpa en el parabrisas con minúsculas gotas como lágrimas. Se obstina en repetirse en repetirse en repetirse hasta acabar narcotizado por una ciudad que no cesa de girar. Todo gira en torno a la franja roja –como barrote– de mi taxi. Atrapado, el vacío se amontona con el aire de la calefacción; las sirenas mueren ahogadas en un mar de ruido; todos los caminos parecen el mismo. Y el pony gira una vuelta más en la noria; en la ciudad noria.

– Gran Vía 35. Son 37 con 50

–Aquí tiene, muchas gracias

– Gracias

( 40 euros. Otra carrera y dejo el infierno hasta mañana)

Es irónico: enciendo la luz verde de “libre”. A ver si hay suerte y no tengo que trillar demasiado la calle. Verde de monte, de mar…  espacios lejanos en los que perderme en el horizonte; verde que no veo. Sólo, a veces, cuando en una calle recta –tan recta como la luz de la tarde– todos los semáforos se ponen de acuerdo y acelero.

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Es una calle

Estambul Té

Es una calle pequeña entre dos avenidas. No tendrá más de 60 pasos -cortos- de largo aunque es ancha; lo suficiente para tener en el centro un jardín con dos filas de prunos a los lados. Han florecido. Es una calle pequeña teñida de rosa entre dos avenidas. Al final de ella, hay un hombre de unos “cuarenta y” cortando una ramita repleta de flores -lo hace con las manos y con delicadeza-. Cuando lo consigue, se la da a su hija que debe de ser quien se lo pedido porque no alcanza. Nada más dársela sonríe y se la acerca a la nariz para olerla. Toda la calle huele así. Después, se van andando despacio por la calle rosa agarrados. Él a su hija y ella a su ramita. Mientras, un mirlo oculto sobre un pruno canta. El mirlo y el pruno. El mirlo y el pruno. Canta. SUCEDE como diría Pablo Neruda en el primer verso de un poema. Todo esto sucede en la esquina de una calle pequeña mientras tomo un té de jazmín al sol en la terraza de un bar. Es un momento sencillo y hermoso -pienso- mientras remuevo el azúcar haciendo sonar el vaso como una campanilla. Pero no quiero pensar más; porque si pienso más la melancolía me arrebata el corazón porque sé que pronto caerá el sol entre los edificios y el frío vendrá con las sombras; que las flores se marchitarán dando paso a las hojas; que el mirlo se callará para ir a picotear la tierra en busca de alguna lombriz; y el hombre de “cuarenta y” ya no tocará más -delicadamente- una rama porque su hija, su niña, se ha hecho mayor tan pronto. Por eso no quiero pensar más; solo quiero sentir el calor del sol en la piel mientras se mezclan los olores de la calle pequeña y el jazmín -mientras- pasa la gente -mientras- el té se enfría. Ahora.

Ella dijo sin paracaídas

bikini

Ella dijo sin paracaídas.

Ella dijo vuelve en primavera andando.

Ella dijo eso del pelo no era telaraña.

Ella dijo me gusta vestir de buzo bajo tus sábanas.

Ella dijo comemememe tonto.

Ella dijo canta solo y cierra los ojos

así con todo cierra los ojos.

Ella dijo Trafalgar de Benito Pérez Galdós.

Ella dijo no pasarán.

Ella dijo esta es mi primera tortilla de patatas

espero que te guste – esto no lo dijo pero lo decían sus ojos-.

Ella dijo el enano rojo.

Ella dijo el pájaro amarillo.

Y todo eso dijo y cuando pasea salta

las filas de hormigas.

Por eso, entierro mis manos en el huerto

y busco

patatas nuevas. 

 

 

la planta vive

palagrafia-mamá

la planta vive, el perro

juega.

bajo un árbol en agosto

los jóvenes

se besan.

 

hoy es todavía

-delicado y frágil –

bajo un árbol en agosto.

 

la planta

vive

el perro

juega

y puedo decir

 

mamá

 

todavía.

 

                                                                                                a mi madre..