mi cabeza

Bangkok aeropuerto

mi cabeza

es una pecera

donde los peces giran y giran

y giran locos.

alguien los echó de comer                                        

alguien extraño

alguien

que siempre estuvo ahí –agazapado-.

 

( El otro día vi un gazapo / lo vi un instante que pasaba con el coche/ antes de salirme de la carretera/ y comprendí inmóvil/ el porqué alerta y frágil de esta palabra: como la vida. Es un algodón que huye/ entre pequeñas nubes de polvo.)

 

mi cabeza

tiene forma de casco de astronauta

que mira las estrellas

( Porque esa luz/ o cualquier luz/ puede ser una estrella que ya no existe por ejemplo)

que tiembla –como yo- y gira

y giran y giras alrededor

de la farola la polilla –apagada-.

las farolas, me refiero.

y el sol sale a ratos y esa luz

blanca como al nacer

nos ciega y la música en silencio y nosotros

obscenamente tristes seguimos

sin encontrar respuestas en la cocaína

y ya toca mirarnos

nuestras caras leprosas saliendo de la discoteca.

 

Las hienas

estación fantasma

Las hienas son feas.

Las hienas tienen una risa voraz que pone nervioso a todo el mundo.

Las hienas tienen un color raro.

Las hienas, con sus mandíbulas, pueden partir huesos enormes.

Su cara

es como si solo tuviera boca -Solo devorar-.

Las hienas tienen chepa. Las patas

de atrás

más cortas que las de delante y corren como cojeando;

pero lo pueden hacer durante cientos de kilómetros

hasta

que su presa

agotada

se tiende en la tierra a dejarse morir.

Pero no la ahogan

como hacen los leones, los leopardos, los tigres. No.

Se la comen viva

en un festín sangriento entre risas y dentelladas

empezando -siempre-

por las partes más dolorosas:

                                  los ojos,

                                  los genitales,

                                  la nariz…

 

Las hienas

son feas.

 

Crueles.

 

Podemos decir, que son feas por dentro y por fuera.

Pero sin embargo

con traje

mira telescópica y rifle

solo hay uno que mata

por placer.

 

 

 

Podría decir

tarta chocolate

Podría decir: “Las sombras

se angostan en el mar de luna.

Ausencias vacían mi corazón helado.

Esquinas, rumores, alas

de mariposa se esconden

en el trasluz profundo…” Pero NO.

El problema de los poetas

es ese:  

            Que se ponen poéticos

pastosos, insoportables…

con el ego tan grande al que solo

cabe poner un gran lazo rojo.

Yo poético, le llaman    –dos “perlas nacaradas” caen por mis mejillas de la risa –

007, 008, 00 N con licencia poética

para matar de aburrimiento al público.

Público que

normalmente es su padre, madre, hijo, hijas

novio, novia, amigo, amigas… Este sufrimiento

es compartido por ellos

como una enfermedad. Lo sé.

(  Y lo siento. Gracias por aguantarme. Yo me incluyo )

Creo que fue el poeta Manuel Scroza

quien dijo que no hay malos poemas porque

tal vez, en algún lugar, alguien

encuentre el sentido

que tú no supiste decir.

Por eso, pido perdón a los poetísimos

si en algún momento se sintieron ofendidos

con este amontonamiento de letras

en vertical.

Pero si hay que elegir,  prefiero

los limones de Montale o la violeta silvestre de Basho.

Prefiero –repito- la sencillez en las palabras

como si te leyeran al oído y tú

en algún lugar, encuentres en ellas

el sentido que no supe decir:

            Las montañas y las tartas de chocolate

            me saben a ti.

 

 

 

El hombre de hojalata

El hombre de hojalata

y la mujer

de hojalata

se abrazaron < clonk como de campana >

al encontrarse.

            – Cuánto tiempo. Cómo me alegro

            de verte

            – Yo también.

Y aunque quisieron decirse:

“ te he echado tanto de menos ”

sabían que esto

era Oz

y ellos vacíos.